Una perturbación en la fuerza

Ya creo que todo el mundo sabe del estreno del episodio IX de la serie principal de Star Wars, el cual se titula “The Rise of Skywalker”. Esta sería la última película de la trilogía secuela, que comenzaría en el año 2015 con “The Force Awakens”, así también como la última película en lo que los nuevos dueños de la franquicia han denominado “The Skywalker Saga”. “Una película para nada difícil de hacer, para nada”, dijo el autor del presente artículo con un dejo de ironía, y los huevos bastante hinchados por parte de los que ven a la saga ideada por George Lucas hace más de 40 años como una religión todo poderosa.  

Desde luego, la saga Star Wars siempre ha sido tema de conversación obligado para los amantes del séptimo arte, los observantes de la cultura general y, en cierto punto, del gran público. Esto se debe en gran medida a su alcance súper masivo como franquicia de medios, a su historia fácil de digerir, a su moral simplista, a los mundos creativos, diversos y coloridos que se crearon en torno a la obra de Lucas, y sus inspiración claras a la hora de narrar una historia en la pantalla grande (Los telefilmes de aventureros de los años 40s, los comicsPulp como Flash Gordon, las películas de Akira Kurosawa, y por supuesto, la idea del héroe que reconoció Joseph Campbell), que hacen que Star Wars sacie un imaginario que la precede. 

Star Wars se reveló durante décadas como el súmmum del séptimo arte en muchos más aspectos que solo su narrativa, su mundo, y su manejo de lo que ocurría una vez terminada la cinta (los efectos especiales, y el diseño de producción destacan en este aspecto). Pero, desde el año 2015, con el estreno de esta trilogía secuela a manos del equipo creativo del ratón se hizo obvia una “Perturbación en la fuerza”. Muchos dicen que nació a causa de esta nueva saga de películas, sin embargo, mis estimados lectores, yo les digo que lleva dando vueltas un largo tiempo. 


Ahora bien, hablemos un poco de la cinta que nos hace de excusa para estar aquí hoy, “The Rise of Skaywalker”. La novena entrega de la saga dirigida por JJ Abrams (conocido por la serie de tv Lost, y las películas Super 8, Star Trek, y por supuesto “Star Wars: The Force Awakens”) y escrita por el propio Abrams y ChrisTerrio (escritor de la ganadora del Oscar Argo y la ganadora del Raspberry Award Batman v Superman: Dawn of Justice).La cinta estelarizó a los ya conocidos Mark Hamill, Carrie Fisher, Oscar Isaac, John Boyega y Daisy Ridley, como en entregas anteriores, tomando los papeles protagónicos de la serie. Adam Driver e Ian McDiarmid tomaron los roles de sus villanos…   Sé muy bien el desafío que supone hablar de esta película sin spoilers. A ver, es hasta difícil hacer una sinopsis sin incurrir en ellos-Mierda, para el fan de la saga ya hay un nombre del elenco que es un spoiler– Es por ello que he decidido saltar olímpicamente todas estas cuestiones y pasar directamente a mi opinión del film, y a lo que me generado en mí una reacción que concordó con “la reacción masiva” que esta cinta tuvo en particular. Adjuntamos dos videos para aquellos que gusten de tener una review más completa, con spoilers y todo:

En fin, vamos a lo importante. En simples palabras, la película no me desagradó, pero tampoco me gustó. De hecho (y veo que se está volviendo una constante con todas las películas que nos está proveyendo el ratón), no la volvería a ver. Si nos ponemos taxativos con el film, cometió el peor pecado que puede cometer una película que lleva el nombre Star Wars, o si vamos al caso el de cualquier franquicia importante: fue olvidable, pasajera, algo que se consume y listo. 

Pero vamos a ser justos, “The Rise Of Skywalker” tenía que hacer muchas cosas al mismo tiempo, desde dar cierre a una épica de 40 años, control de daños de lo que fue “The Last Jedi”, reencausar una historia que parecía cerrada con la susodicha película, dar un final que satisficiera a propios y extraños, así también como dejar el terreno limpio para que la franquicia pudiera empezar de cero a futuro. Por otra parte, el cronograma fue increíblemente acotado para toda la producción en general. Todo esto sin ahondar en dificultades técnicas con las que tuvieron que lidiar tras la muerte de Carrie Fisher, con el hecho de que Leia seguía viva en la saga y con un rol activo. Los reshoots impuestos a la película por la mesa directiva de Disney, según reportes, se extendieron hasta el mes previo al estreno.  

Siendo honestos, es bastante impresionante que se haya conseguido un resultado como este con todo lo que había alrededor del film. Es una película que se deja ver, pochoclera sin compromiso y algo anodina, en definitiva, pero un proyecto acabado en última instancia; poco digno de la franquicia que supo ser Star Wars, pero bueno, es lo que hay, sin mencionar que es imposible complacer a los fans a esta altura: Estaban dispuestos a odiar esta película desde el vamos. Creo que, hoy por hoy, no me gustaría ser JJ Abrams, o cualquiera de los involucrados en continuar la saga. 
Vamos a soltar el garrote un rato y vamos a hablar de los positivos, que, si bien son pocos, no está de más resaltarlos. Las actuaciones fueron buenas, tomando el material que les fue dado a los actores. Se destaca Adam Driver como Kylo Ren. Redondeando, creo que fue el mejorcito de toda la trilogía, tanto en lo que hace a su caracterización como a su personaje. Driver es un excelente actor, muy recomendable en films como Marriage Story o Paterson.  Los efectos especiales, como siempre, top notch. Particularmente las pocas instancias de efectos prácticos y escenografía real, reminiscentes de una época olvidada que no está de más traer a colación en un mundo donde abunda el CGI. 

John Williams Duh y las escenas de levedad que traían a la trama los personajes secundarios como C3PO fueron bien utilizadas y no se sintieron molestas, aunque, nobleza obliga, por momentos se sentían salidas de una película de Marvel. Pero supongo que la formula se ha expandido como un tumor a todas las propiedades del ratón… Y bueno, trágicamente, aquí acaban los positivos.  Los negativos, al menos aquellos no relacionados con la trama: 

La edición por momentos cortaba planos en menos de 3 segundos dando una velocidad inusitada a escenas que no lo requerían. Me recordó mucho a lo ocurrido con Bohemian Rhapsody. El pacing de la película es frenético y se abusa del cambio de locación para avanzar la trama. De hecho, hubo momentos donde mi inmersión se rompió porque no sabía dónde estaban los personajes ni hacia donde iban. Muchos personajes, con una línea de dialogo, hacían que las escenas se sintieran superpobladas, particularmente en la base rebelde. Escenas de acción con un foco poco claro se devienen en espectáculos de explosiones y gritos en los que no se entiende muy bien quién es quién, en una suerte de espectáculo muy a la Michael Bay. Este error de cálculo se hizo evidente en la última batalla climática- y claro está, el tono es harto similar a las películas de Marvel. Por momentos, eleva la cinta, y por otros, la tira al diablo creando una experiencia incómoda para todos los presentes.  
Sé que ahora esperan que discutamos la trama, esa maldita trama, las decisiones que se han tomado en esta trilogía, sé que deben esperar que hable de todos esos tópicos que llevan dando vueltas desde que se estrenó esta trilogía secuela, allá por 2015- Llámense “Rey is a Mary Sue”, “Depressed Luke”, “Kylo Ren is a Disney Princess”, “We have the forcé we can do whatever we want”, etc.- y creo que los voy a decepcionar un poco. 

Solo diré, referido a “The Rise of Skywalker” y su trama, que hubo personajes que no deberían haber estado ahí. Se utilizaron recursos que fueron borrados del canon para salir de situaciones incomodas [*coff, coff* Force Healing *coff, coff*], se abusó violentamente de la idea de la nostagia y se tendió al pandering, al punto que no se sentía originalidad en la película. La excusa de que “Star Wars is like poetry, it rhymes” ya no da para más. Y bueno, la desacralización del legado de la trilogía original que… digamos que ahí es donde difiero bastante del discurso común de odio hacia la saga y su estado post-secuelas.  Verán, estimados lectores, el final de la trilogía secuela converge perfectamente con el final de la trilogía original, y su falta de compromiso con su mensaje e ideas, su falta de apego a los estándares del movimiento cinematográfico del que formaba parte. Sí, tal y como lo leen, esta perturbación en la fuerza viene de larga data, y no pareciera tener intención de irse. 
Una pequeña lección de historia: “Star Wars: A New Hope”, como sabemos, se estrenó en el año 1977. Se estrenó en el medio de una época que se conoce hoy día como “New Hollywood”. Este período se caracterizó por un cambio de paradigma total en el cine norteamericano. Estamos hablando de la caída del sistema de estudio y el ascenso del director como principal figura de autoridad en el set. También se dio una desviación de las formas de narrativa tradicional optando por narrativas más propias del cine de autor europeo, en las cuales no se busca una conclusión a una narrativa dada, sino explorar las causas del comportamiento de dicho personaje, o que lo llevo a ser como es. Se comenzaron a ver técnicas narrativas y de producción que eran evitadas en años anteriores, no-linealidad, la producción sin guion fijo, o el casting against type.  

En este contexto, proliferaron directores que hoy son reverenciados como leyendas del séptimo arte, estamos hablando de tipos como Martin Scorsese, Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, Brian De Palma, y ¿Cómo no? George Lucas. Ellos, entre otros, formarían la primera generación de realizadores audiovisuales graduados de instituciones especializadas que se vieron influenciados por los trabajos de la “Golden Age” así también como por el cine de autor europeo, y las películas clase B de los 50s, dando una mixtura muy particular que llevó a producciones igualmente particulares, en las cuales se contaban historias poco convencionales para los grandes públicos, con personajes aún menos convencionales en centro de la escena, y con temas y tópicos que no saltaban a la vista en ningún lado más que en las pantallas que trasmitían estas obras. Obras tan relevantes como Bonnie and Clyde, Close Encounter of the Third Kind, The Godfather, Mean Streets, American Graffitti y muchas otras. 

Es en este contexto de cambio de la industria del cine, con estas nuevas técnicas, y con el giro en la forma, propósito, y proceso en el que se narran las historias es que debe entenderse a Star Wars y a la perturbación en la fuerza que en inherente a ella. Porque es aquí donde nace, es aquí donde Star Wars en su forma original rechaza ser arte para ser un producto, es en este contexto donde Lucas convierte su épica espacial en un cuento de hadas inofensivo.              

El New Hollywood tiene una característica que atraviesa a todas sus obras, y esta es que la moral ambigua, llena de áreas grises que se muestra en sus historias. Las vidas que se retratan son poco convencionales, tradicionalmente asociadas con el mal obrar (Véase The Godfather), se toma un interés en la existencia desviada de las normas tradicionales. Vemos cómo se exploran esas morales y se nos desvela que los sistemas de valores tradicionales y sus figuras de autoridad pueden ser tan, o más desviados que nuestros protagonistas, que muchas veces son representados bajo una luz más empática – si no tratados como héroes. En serio, vean The Godfather–  Estas historias que exploran morales alternativas, la síntesis entre el bien y mal, y los valores tradicionales puestos a prueba en situaciones límite son las bases de la temática de la primera trilogía de Star Wars. De hecho, las facciones enfrentadas representan cada una un lado de la moral – Jedi=Bueno, Sith= Malo, para los dormidos.

Se nos presenta su guerra como ancestral y condenada a continuar hasta la llegada de un elegido que traiga el equilibrio a la fuerza –Ese concepto que engloba tantas cosas en la saga. Incluso se nos dice a lo largo de la saga que ese equilibrio llegará en algún momento, que habrá una síntesis, una igualdad entre ambas ideas… Y es aquí donde la fuerza se perturbó para nunca volver a equilibrarse, ya que George Lucas nunca tuvo la potestad creativa para asumir el peso de la temática de su historia, y de conducirla a un final superador de la batalla entre el bien y mal, no hizo lo necesario en el momento indicado para romper esa dicotomía en el universo que creó, efectivamente condenando a todo aquel que viniera a la crítica mordaz de aquellos que se han criado con una historia inconclusa, sin rumbo ni destino más que vender… Estabas tan cerca de la grandeza Jorge, pero supongo que el vil metal pudo más. 

Promediando la producción de “Star Wars: The Return of The Jedi”, Lucas no quería asumir el rol de director y buscó por todo Hollywood una figura artísticamente integra para llevar adelante la colosal tarea de terminar su trilogía. Entre los nombres que se barajaron estaban David Lynch, David Cronenberg, Steven Spielberg, y según algunas fuentes, Martin Scorsese: Todos hombres de gran trayectoria y con estilos bien definidos y muy diferentes entre sí. 

Viéndolo en retrospectiva y tomando en cuenta el final original que Lucas había planeado para la trilogía – siendo este con un Luke que acababa con Palpatine, y con su padre Vader y se volvía un pseudoemperador en las sombras, uno que no estuviese con los rebeldes ni con el imperio, una suerte de síntesis entre el bien y el mal como se venía adelantando a lo largo de la saga-  se ve claro el porqué de esos nombres para dirigir la película. Estaba buscando a alguien con la integridad y la espalda para explorar esos temas moralmente complejos con el expertise y la sensibilidad requeridos. Buscó darle el final acorde sintetizar la historia, buscó acabar verdaderamente la guerra de las galaxias para siempre… Pero, como bien sabemos, la historia fue otra, los finales más oscuros de la saga fueron rechazados y en vez tuvimos el final de cuentos de hadas que ya todos conocemos –Y que también amamos, porque, debemos ser sinceros, nos encanta la fantasía de vencer al mal. 

Y aquí es donde nace el problema central de todo proyecto con el nombre de Star Wars. La temática se repetirá, no habrá tesis superadora, no habrá síntesis entre el bien y el mal posible porque la oportunidad se perdió, ya estamos demasiado acostumbrados, como público y como creadores, a los finales de cuento de hadas de la saga, y sentimos que cualquier intento de hacer lo que se debería haber hecho en su momento es un ataque cuasi personal a nosotros y a la historia que nos formó. 

Esa es, mis estimados lectores, la gran perturbación en la fuerza que azota a la saga. Siempre ha estado ahí, solo que ahora es más evidente, nos molesta más pero tampoco queremos que cambie. Nos negamos a vivir esta falencia, y por eso no disfrutamos con Star Wars como lo hacíamos antes, y trágicamente nunca lo haremos. Simplemente eso que la hacía especial ya no está ahí. Es más, murió en el instante en el que la fuerza no fue equilibrada.